#CosquínRock2018: crónica de una fiesta

Cosquín Rock 2018 13 de febrero de 2018 Por
No existe respuesta a la pregunta ¿qué tal estuvo Cosquín Rock? O sí, se podría decir que hay una respuesta por cada persona que fue, una por cada experiencia vivida. Con dos días, 120 bandas y 6 escenarios simultáneos, el festival se convirtió en un cuento cercano a “Elige tu propia aventura”. Los que fueron a buscar su música tuvieron un recorrido, los que fueron al pogo -al agite- tuvieron otro. Desde el lugar de cronista que nos toca soltaremos algunas líneas de lo que pudimos ver.
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1 / 11 - 35.000 personas por dia fue la concurrencia de esta edición.

Llegamos al predio y nos pasó lo que vaticinábamos, no sabíamos que ver primero –casi como cuando tenés que pedir sabores en una heladería- por la gran oferta musical que planteaba el festival. Como cronistas y amantes de la música, decidimos ir a ver las bandas que conocemos, verlas tocar en vivo, y así poder compartir con ustedes un poco de lo que se vivió ahí. Caminamos de escenario en escenario, dejamos shows a medias, y entre tanto ir y venir festejamos la puntualidad de las distintas propuestas. Un gran acierto de la producción fue el tener como premisa principal el respeto al reloj que nos dejaba -con un poquito de organización propia- desfilar como tribus para no perdernos lo que queríamos disfrutar. Porque ahí residía la clave, el disfrute total –bandas, espectáculos, deportes extremos- de las 10 cuadras del predio que se instaló una vez más en el Aeródromo de Santa María de Punilla para cumplir con el ritual rockero más importante del país.

Sin dudas lo más interesante de la edición fue la amplitud multicolor del line up. En cuestión de horas nos pusimos nostálgicos con el sonido blusero de La Mississipi, bailamos con el rock-pop de Banda de Turistas –chicos bien que parecen estar conformes con el mundo-, y coreamos rock chabón con Guasones y Los Gardelitos, una de las grandes sorpresas del fin de semana que con sus letras, y desde los suburbios bonaerenses, nos invitaron a cambiar el mundo. Y todo esto pasaba mientras Horcas tenía en sus manos el cierre de gloria del escenario temático heavy.

“Yo no sé si somos conscientes que allí afuera hay 30 mil personas escuchando rock, que el rock argentino tiene vida propia como en ningún país de Latinoamericana,” diría en conferencia de prensa Ricardo Tapia, vocalista de La Mississippi, horas después. Y sí Ricardo, tenés razón.



El que para pierde.

El primer día festivalero empezó a las 14:25 hs tal como estaba planeado, con muy poca gente en el predio y con un clima agradable que presagiaba un gran día de rock. El telón del escenario principal fue abierto por bandas que vienen en crecimiento como Nagual y Sueño de Pescado –los programadores siempre hacen lugar a “nuevas bandas” en este escenario- para dar paso después a los consagrados de siempre y quizás, los más esperados por los asistentes.

Dentro de la grilla principal, El Bordo volvió a demostrar que tiene un lugar ganado dentro el rock barrial que se produce y nos llega desde el  Gran Buenos Aires, y Las Pelotas -banda cuasi fija del festival- tocó a las 18:30hs para un gran público que disfrutó de las mejores canciones de las bandas y alguna que otra versión con músicos invitados como fue el caso de Raly Barrionuevo haciendo Esperando el milagro como coronación del show. “Germán (Daffunchio) me puteó hasta minutos antes de entrar a tocar, después le encanto el marco del  público” aseguró José Palazzo sobre la apuesta de poner bandas fuertes tan temprano. Una de las tantas anécdotas que dejó un festival que movilizó alrededor de 80000 personas en dos días.

Ciro interpretando clásicos de Los Piojos y Skay haciendo canciones de Los Redondos fueron dos perlas musicales que pasaron también por el escenario principal. Las Pastillas del Abuelo abrían el camino para el cierre de la primera noche, cuando -mientras sonaba la cuarta canción- el agua que había aguantado hasta ese momento se precipitó de golpe. La banda quedó con su show inconcluso. "Se repite la historia" dijo el vocalista Pity Fernández haciendo referencia a la última actuación del grupo en el Cosquín. "No hay Cosquín Rock sin lluvia", decían otros mientras se retiraban del predio. 

A la par del escenario principal sucedieron mil cosas más. No había manera alguna de poder llenarse los ojos y los oídos de todo lo que había disponible en el lugar. “El sábado pueden quedar preso del escenario temático Reggae” nos dijo hace unas semanas en una entrevista José Palazzo, responsable del Cosquín Rock, y eso también fue algo que nos pasó en el primer día.

El temático reggae nos tentó con los chilenos de Gondwana  que desde muy temprano le pusieron color a ese espacio en el nunca se dejó de bailar y disfrutar. A pocos metros una chica que esperaba a su amiga al costado derecho de la consola de sonido -era la posta de encuentro- saca un papel garabateado y dice “mirá, me hice una grilla a puño y letra para no perderme nada, pero mi amiga no tiene los mismos gustos que yo”, mientras los 20 músicos de Dancing Mood hacían bailar a los miles de congregados en ese escenario. El lápiz y el papel también sirvieron para no perderse de nada.

Antes del arribo de Don Carlos, un histórico del reggae jamaiquino, Los Pericos fueron el  enganche entre las mejores bandas de reggae del país. Le dejaron paso a Los Cafres y su batería de éxitos bien pulidos. Pericos arrancó con un rápido repaso de clásicos (Sin Cadenas, Complicado y Aturdido, Casi nunca los ves, Waiting) para presentar después a Andrew Tosh quien, vestido de imponente amarillo, ganó rápidamente el escenario demostrando que lleva el ritmo en la sangre, en el cuerpo y en la voz. Hijo de Peter Tosh, uno de los fundadores del movimiento reggae junto a Bob Marley interpretó clásicos del reggae jamaiquino sobre la base musical de Los Pericos que estuvieron a la altura de la ocasión, sonando ajustados, precisos y demostrando que son una de las grandes bandas de la Argentina. El visitante jamaiquino se fue en elogios para los locales.



Domingo de misa.

Niños al hombros, música de los redondos, puestos de comida rapidísima, remeras, más puestos de choris, familias, grupos de amigos, gente con resaca, flacos fisurados, seguridad gritando: “¡con la entrada en la mano!”, el puente, el agua, la montaña, el largo camino, el cacheo policial, ni comidas, ni bebida, se avanza y finalmente un cartel anuncia que “El viaje está por comenzar”. Entrada.

Así, el domingo, comenzó muy temprano con bandas fuertes. Estelares a las tres de la tarde mostró, una vez más, ser una banda creadora de éxitos radiales con su característico sonido melancólico y la voz quebrada Manuel Moretti. El Mató a un policía Motorizado y Los Espíritus defendieron su lugar de bandas en ascenso, con público propio y propuestas distintas. Los segundos fueron destacados por los músicos de La Mississippi como lo mejor del rock emergente en nuestro país.

Cuando el predio comenzaba a llenarse y todavía sobrevolaba el sonido particular de Los Espíritus subió a escena Residente con una poderosa banda.  Mechando sus nuevas canciones solistas con los éxitos de Calle 13, el puertorriqueño pateó el tablero con la incorporación de dos canciones de su ex formación con base rítmica de reggaetón en el festival de Rock más importante del país. Así comenzaba el pogo a gran escala. 

Ya de noche, y mientras La Vela Puerca realizaba un repaso de sus canciones más populares y el predio central estaba repleto, todos los escenarios del Cosquín se presentaban a “sala llena”. En el Quilmes Garage, un hangar de chapa, actuaban Usted Señálemelo y Perras on the Beach: dos bandas en ascenso que desbordaron dejando gente afuera del “galpón”. “Ese espacio ya nos quedó chico, el pop está pidiendo pista en el rock argentino”, diría, horas después, José Palazzo en conferencia de prensa.

El escenario temático Heavy, que presentó a los mayores exponentes del género en el país, también funcionó repleto. Los músicos de Horcas agradecieron la incorporación del género en el festival luego de recibir un reconocimiento de la organización por la mayor cantidad de cosquines tocados. “Este género siempre ha sido postergado” aseguró su vocalista Walter Meza. 

La larga jornada del domingo culminó en el escenario principal con el regreso de Ratones Paranoicos, la visita internacional de  The Offspring y Guasones, mientras la perla pasaba por "La Casita del Blues", donde La Mississppi repasaba parte de su larga carrera con el patio lleno.

“Lo más difícil fue buscar bandas para cerrar las noches” dijo Palazzo. El gran reto era el cierre del domingo. Los Gardelitos, una banda de rock barrial contestatario y comprometido de los suburbios bonaerenses –rodeada además de una mística especial de militancia política- fueron los encargados de la tarea. Los primeros 10 minutos de los muchachos del Bajo Flores fueron para guardar en la retina o en la lista de reproducción del teléfono. La puesta en escena tuvo de todo: subieron una orquesta de cuerda, unos gigantes arrabaleros muñecos de aire, una pareja bailando tango e imágenes de pinturas barriales que decoraban cada una de sus canciones en la pantalla gigante. "Allá por Constitución la yuta obliga a las putas a vender milonga” dispara al hueso Sortilegio de Arrabal, canción de apertura del show. Sin lugar a dudas, uno de los grandes momentos del Cosquín Rock 2018.