
El nuevo escenario educativo en Río Tercero. Articular es la cuestión
"Un objetivo sin un plan, no es más que un deseo". Saint-Exupéry
Por Sergio Colautti.
Las dos Universidades son significativas realidades que la sociedad debe valorar y celebrar en toda su dimensión, no solo por las posibilidades que desplegarán como oferta educativa nueva y de alto impacto social, sino también porque los estudiantes que no podían sostener sus estudios en Córdoba u otras ciudades por razones laborales o económicas, ahora tendrán oportunidades ciertas. A eso se debe sumar la posibilidad de comenzar estudios para muchos adultos que postergaron ese anhelo y ahora verán puertas abiertas en esas casas universitarias. Un elemento que no es menor también debe apuntarse: más allá de los beneficios para quienes estudien, las universidades, con sus tareas de extensión, siempre promueven y mejoran los debates, las producciones y la creatividad de la sociedad en su conjunto, tornándola más democrática y más abierta. A poco de andar, tanto la UNRT como la UPC ya mostraron capacidad para operar esa extensión, en eventos y realizaciones artístico-culturales y ciclos de charlas alrededor de los 30 años del 3N.
Los presupuestos que sostendrán esa actividad impactarán en el terreno socioeconómico, como se advierte en los casos de Villa María y Río IV, transformados por la presencia universitaria.
Hacia el futuro inmediato y mediato, una cuestión se convierte en clave para el desarrollo de la incipiente oferta universitaria en el marco de la comunidad educativa local: la necesidad, subrayemos también la responsabilidad, de pensar este nuevo escenario desde la articulación de políticas que coordinen, mejoren y potencien las ofertas de cada casa en una oferta consensuada, trabajada desde la fina sintonía del pensar articulando, que debe gobernar cualquier diseño de política educativa regional (porque la educación local se nutre de lo regional y nutre el desarrollo educativo de las ciudades vecinas).
Un equipo conjunto, en el que participen UNRT y UPC, pero también las instituciones de nivel superior de la región, que tienen una rica historia, debe (es una responsabilidad, más que una opción) articular qué carreras no deben repetirse, cómo establecer equivalencias para facilitar la movilidad educativa, cómo proponer que las carreras que ofrece una institución puedan luego continuarse como licenciaturas, posgrados o postítulos en otras, qué trabajos conjuntos pueden encarar las instituciones, cómo saldar la entendible competencia desde lazos de cooperación y solidaridad institucional, etc.
Hacerlo es posible pero también necesario. Con la inteligencia de entender que el momento clave es este, en el umbral del desarrollo de ambas instituciones. Mirar el propio ombligo es la opción menos sensata y la más frágil para pensar la ciudad educativa que soñamos siempre y ahora tenemos al alcance de la mano. Como siempre, dependerá de la capacidad participativa de la comunidad y de la lucidez de los responsables.
Villa María y Río IV ofrecen experiencias de las que se puede aprender de errores y aciertos. En ambos casos, los mejores logros estuvieron ligados al pensar articulando, que es exactamente lo que debemos poner en circulación.



Massallá de las diferencias


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